Hay juegos que quieren toda tu atención y otros que simplemente quieren acompañarte mientras haces cualquier otra cosa en el computador. Petunia’s Purgatory pertenece a este segundo grupo: es un desktop companion, un juego pensado para permanecer en la parte inferior de la pantalla mientras trabajamos, navegamos o hacemos cualquier otra actividad.
No es la primera vez que vemos esta idea aplicada a una granja. Quienes hayan jugado Rusty’s Retirement encontrarán una estructura bastante familiar: un pequeño terreno que ocupa una franja del escritorio, cultivos, recursos, expansión y ayudantes que facilitan algunas tareas.
La diferencia es que aquí la agricultura es bastante menos acogedora.
Porque en Petunia’s Purgatory no estamos cultivando tranquilamente unas zanahorias. Estamos en el purgatorio, debemos alimentar a una antigua entidad demoníaca y, si no queremos perder la cabeza por completo, tendremos que encontrar cierto equilibrio entre administrar una granja eficiente y conservar nuestra cordura.
Bienvenido a la granja del purgatorio
Comenzamos con muy poco: algo de agua, unas semillas iniciales y un pequeño terreno sobre el que empezar a trabajar.
Nuestro principal objetivo es alimentar a una entidad ancestral que vive en la construcción central de la granja. Esta criatura nos va indicando qué alimentos necesita y nosotros debemos sembrarlos, cosecharlos y entregárselos.
Cada vez que recibe suficiente comida aumenta de nivel.
Esto es importante porque su progresión también marca la nuestra. Al subir de nivel se desbloquean nuevas semillas, estructuras, ayudantes y herramientas con las que podemos ampliar nuestra producción.
El problema es que el anciano también se vuelve cada vez más hambriento.
Con cada nivel aumenta la cantidad y variedad de comida que exige, así que constantemente tendremos que revisar su lista de necesidades y organizar nuestros cultivos de acuerdo con lo que está pidiendo.
Y pronto descubrimos que esta no es precisamente una granja normal.
Entre nuestros cultivos encontramos calabazas con dientes, plantas con ojos y otras criaturas vegetales con formas casi humanoides. Algunas incluso necesitan crecer en tierra impregnada con sangre.
Sí. Sangre.
Aquí también cultivamos con sangre
Para obtenerla tendremos que introducir otra de las mecánicas que le dan identidad al juego: los rituales.
Podemos contratar ayudantes demoníacos que se encargan de capturar animales, llevarlos hasta una mesa ritual y sacrificarlos para obtener la sangre necesaria para preparar determinados terrenos.
Es uno de esos momentos en los que el estilo visual adorable del juego choca completamente con lo que realmente está ocurriendo.
Todo sigue teniendo pequeños personajes simpáticos y pixel art colorido… mientras un demonio acaba de llevar un conejo a una mesa de sacrificios para que podamos sembrar una planta grotesca.

Ese contraste entre lo adorable y lo macabro es probablemente una de las características que mejor define a Petunia’s Purgatory.
Nada es gratis en el purgatorio
Casi todo lo que hacemos requiere dinero.
Nuevas semillas, preparar terrenos, estructuras, decoraciones o incluso colocar un oasis que nos permita tener agua más cerca supone gastar monedas.
La economía es sencilla: cada cultivo que recolectamos y enviamos al almacenamiento nos genera dinero.
Ese dinero vuelve inmediatamente a la granja, ya sea para aumentar la producción, comprar nuevos elementos o expandir el terreno. En los extremos del escenario podemos adquirir nuevas parcelas y hacer que nuestra pequeña franja de cultivo termine creciendo bastante.
Así se forma un ciclo constante:
sembramos, cosechamos, almacenamos, conseguimos dinero, mejoramos la granja y producimos más para poder alimentar a la criatura.
Pero hay un segundo recurso que resulta todavía más importante.
Nuestra cordura.
No olvides cuidar tu cabeza
En el menú podemos encontrar un pequeño cerebro que representa el nivel de cordura de Petunia.
Y tenemos buenas razones para vigilarlo.
Cultivar plantas grotescas, realizar sacrificios y convivir con rituales demoníacos provoca que nuestra cordura vaya disminuyendo progresivamente.

Cuando el cerebro empieza a quedarse sin color sabemos que algo malo está a punto de pasar.
Y cuando la cordura cae demasiado, el juego comienza a volverse loco.
Los colores pueden cambiar, algunos elementos aparecen en posiciones diferentes, pueden abrirse huecos extraños dentro del terreno e incluso pequeñas criaturas similares a pulgas empiezan a saltar por la pantalla.

Pero uno de los efectos más curiosos aparece fuera de la propia granja.
De repente puede surgir un segundo cursor del mouse moviéndose por nuestro escritorio.
Aquí Petunia’s Purgatory aprovecha especialmente bien su condición de desktop companion, porque las alucinaciones no necesariamente se quedan encerradas dentro del juego. Algunas parecen invadir el espacio en el que estamos trabajando.
Y eso consigue que la pérdida de cordura sea algo más interesante que simplemente llenar o vaciar una barra.
Flores contra sacrificios demoníacos
Por suerte podemos recuperar nuestra estabilidad mental.
Para hacerlo necesitamos plantar flores y utilizar decoraciones alrededor de la granja.
Esto genera una dinámica bastante divertida porque el propio juego nos obliga a equilibrar dos necesidades completamente opuestas.
Por un lado queremos utilizar nuestros recursos y nuestro espacio para producir más alimentos, desbloquear cultivos y alimentar a la entidad.

Por otro, necesitamos reservar dinero y terreno para colocar flores y elementos decorativos que mantengan nuestra cordura.
En otras palabras, somos nosotros mismos quienes llenamos la granja de sacrificios, sangre y horrores… y después intentamos compensarlo colocando unas flores bonitas.
Y este sistema también provoca que Petunia’s Purgatory demande más atención de la que normalmente esperaríamos de un juego pensado para vivir en el escritorio.
Un desktop companion que no quiere que lo ignores
Los ayudantes permiten reducir parte del trabajo manual, pero no convierten la granja en una máquina completamente automática.
Algunos se encargan de regar los cultivos, otros pueden procesar determinados productos para fabricar mermeladas y otros realizan los rituales necesarios para conseguir sangre.
Sin embargo, seguimos teniendo que intervenir bastante.
Durante mi partida la cosecha nunca terminó automatizándose completamente y todavía me quedaron tres elementos por desbloquear, así que buena parte de la administración siguió dependiendo directamente de mí.
Aquí existe una diferencia considerable frente a algo como Rusty’s Retirement, donde eventualmente puedes alcanzar un grado de automatización bastante elevado.
En Petunia’s Purgatory los ayudantes alivian ciertas tareas, pero el juego todavía quiere que vuelvas constantemente.
Y la cordura refuerza precisamente esa idea.
No basta con dejar funcionando la granja mientras hacemos otra cosa durante horas. También necesitamos comprobar que Petunia sigue cuerda, reorganizar nuestros cultivos, decorar y reaccionar cuando empiezan las alucinaciones.
Petunia’s Purgatory quiere vivir en tu escritorio mientras haces otras cosas, pero tampoco quiere que te olvides de él.
¿Vale la pena Petunia’s Purgatory?
Petunia’s Purgatory parte de una fórmula que puede resultar muy familiar para quienes ya hayan probado otros juegos de granja diseñados para permanecer en el escritorio.
No pretende reinventar completamente ese concepto.
Lo que sí hace es darle una identidad bastante clara gracias a su mezcla de agricultura, humor negro, estética adorable, sacrificios y un sistema de cordura que convierte al propio escritorio en parte de la experiencia.
La automatización es limitada y eso significa que requiere más atención que otros desktop companions. Dependiendo de lo que busques, puede ser una ventaja o una desventaja.
Si quieres un juego que prácticamente se administre solo mientras trabajas, probablemente tendrás que regresar a él más de lo esperado.
Pero si prefieres que ese pequeño acompañante del escritorio siga dándote razones para interactuar, Petunia’s Purgatory consigue mantenerte pendiente gracias a su economía, sus desbloqueos y, especialmente, a esa constante amenaza de que Petunia termine perdiendo la cabeza.
Porque alimentar a una entidad demoníaca con calabazas dentadas ya es suficientemente extraño.
Hacerlo mientras un cursor imaginario empieza a recorrer tu escritorio es otra cosa.
Nuestra Valoracion:
Graficos: 8
Audio: 7
Jugabilidad: 8
Duracion: 7




